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jueves, 7 de febrero de 2019




Mujeres Emplumadas Españolas 


Las mujeres de mala vida y principalmente las que tenían por oficio el corromper a las doncellas, así como rufianes y alcahuetas, eran castigadas de una manera tan singular como extraña.

No hace mucho tiempo, cuando una mujer se hallaba convicta de haberse prostituido o de haber corrompido a cualquier otra, se la solía condenar a ser emplumada.

La sentencia se ejecutaba de la siguiente manera:

A las once de la mañana el verdugo iba en busca de la condenada y auxiliado por sus ayudantes, la desnudaba desde la cintura hacia arriba. El cuerpo se lo untaban de una capa de miel y ponían una coroza o birrete de cartón en forma de cono. Adornada de esta forma, la condenada subía encima de un asno, y se le ponía una argolla fijada en una barra de hierro cuya extremidad inferior se apoyaba sobre la albarda que llevaba el animal. Enseguida se la paseaba por las calles entre dos filas de soldados y alguaciles escoltados por la plebe.

Detrás de la condenada iban los dos ayudantes del verdugo llevando un gran cesto lleno de plumas de ave, así como el pregonero y el mismo ejecutor de la justicia.

La procesión se detenía en las principales calles y plazas donde el pregonero leía en alta voz la sentencia en la que se mandaba emplumar a la condenada, citando al mismo tiempo sus delitos. Este acto concluía, con la fórmula de “quién tal hizo que tal pague”.

Enseguida el verdugo cogía un puñado de plumas y las echaba sobre la miel con la que estaba untado el cuerpo de la condenada. Estas plumas daban un horrible y grotesco aspecto que movía a risa a la muchedumbre. Esta realidad la vivieron muchas mujeres españolas hasta bien entrado el siglo XIX, un ejemplo de ello es Antonia Inés (La Emplumada de Chinchón (Madrid), quién en 1817 sufrió tan denigrante castigo público.


Expediente emplumada de Chinchón 

“Oficio del excelentísimo señor duque, presidente del Consejo, dándole cuenta de haber sido sentenciada por la sala 2ª Antonia Inés a vergüenza pública, a ser emplumada por rufiana y alcahueta.

En el día de ayer se vio la causa contra Antonia Inés, de 40 años de edad, natural de Chichón por rufiana o alcahueta en su casa en la que tiene una tienda de vinos generosos, calle del Horno de la Gata n 15. Por sentencia con ejecución se le ha condenado a vergüenza pública, sea emplumada y a diez años en galeras”. Ésta condenada se encuentra en la cárcel de Corte de Madrid.[1]

En este caso como en otros donde una o varias mujeres eran emplumadas por delitos de sensualidad, no solo no servían para nada este tipo de castigos públicos, sino que publicaban las habilidades de tales mujeres, cuya consecuencia revertía en un aumento de la clientela, que ahora con más claridad sabía a quién dirigirse.

No todas las emplumadas tenían la misma suerte, hubo algunas qué durante la tercera guerra carlista, tuvieron que sucumbir con sus vidas por haber sido mujeres de los liberales migueletes. Esta realidad la vivió Tolosa (Guipúzcoa) en un día de San Juan de 1874, donde tres féminas después de sufrir la humillación publica con el emplumado, fueron asesinadas con azotes en diferentes lugares de la población. Las crónicas nos cuentan lo siguiente.

“Día de San Juan de 1874

Francisco Savalls, cabecilla carlista que en Olot fusiló a cuarenta y nueve carabineros, apresó en Tolosa a tres mujeres cuyos delitos eran ser esposas de migueletes liberales, y ordenó fueran emplumadas y azotadas.

Cuarenta sicarios a su mando ejecutaron su orden: se desnudó a las tres mujeres (una tenía 70 años), se desnudaron de cintura para arriba untándose de miel sus espaldas, pechos y se les lanzaron las plumas para que se le pegaran. Fueron montadas en burros y con una pandereta en la mano se las hizo recorrer las calles, de vez en cuando Savalls que iba al frente de los verdugos, gritaba <<Paluac o rain, paluac>> (apalearlas ahora, apalearlas); entonces el cortejo se detenía y las mujeres eran con gruesos cordeles azotadas: en la calle larga y en la calle de Guipúzcoa, cayeron muertas María Cudez y Teresa Espino; la última Magdalena Torres cayó cadáver en la Plaza Playor.

¡Esto presenció Tolosa el día 24 de junio de 1874!


Otras noticas de mujeres emplumadas la encontramos en Málaga donde el periódico el Alabardero de Sevilla con fecha 22 de junio de 1881 refiere lo siguiente:

“Que en el Valle de Abdalajis ha ocurrido el caso de haber sido emplumadas dos jóvenes y paseadas después por las calles en un borrico. Añade el mencionado periódico, qué al protestar los parientes contra tan brutal procedimiento, estos fueron apaleados por el alcalde”.[2]




El caso que presentamos a continuación no tiene desperdicios. La protagonista es una mujer obligada a ser matador de toros sin serlo, la anunciaron como tal, pero la intención era la burla y la mofa de esta dama. Anunciaron el festejo y se llenó la plaza a reventar y por su condición de hembra, después de terminar el espectáculo taurino, va a sufrir el castigo de ser emplumada en la misma plaza de lidia. La señora la presentaban como <<La Frascuelo>> y de ella se cuenta lo siguiente.

No sabemos quién metería a esta mujer a matar toros.

Al anuncio de la matadora <<Frascuelo>>, se llenó anteayer la plaza, cuando esta pobre mujer se conocía que en su vida las había visto más gordas. El señor Burgos que presidía la corrida, al oír la gritería y la algazara que produjo aquella pantomima, en lugar de encerrar a la fiera encerró a la pobre matadora.

Pero el público que debió de haber dado media vuelta y pillar con tiempo la salida, la reclamaba con insistencia y el señor burgos la dejó en libertad para que saliera de nuevo a la plaza. Nueva algazara y nuevo griterío. El temblor se apoderó de una manera tal de la Frascuelo, que aún cogido el toro por los cuernos y presentado de frente a ella, en vez de meter la espada al toro, hirió levemente en la muñeca a uno que sujetaba a la fiera.

Aquí empezó de nuevo el escándalo hasta que un joven pidió licencia para despachar al cornúpeto. La Frascuelo fue emplumada y paseada por la plaza de toros y por las calles siendo hospedada después de finalizar el escarmiento, en un calabozo de la cárcel del ayuntamiento.[3]

De nuevo en Tolosa vamos a tener un nuevo maltrato a la mujer por sus ideas liberales a manos de los carlistas. Dice el diario de San Sebastián, que el día 25 ofrecieron los carlistas nuevamente al pueblo de Tolosa, uno de esos bárbaros espectáculos tan comunes entre los defensores del absolutismo.

Tres mujeres que olían sin duda a liberales, fueron emplumadas y paseadas en burro entre bayonetas con la cabeza afeitada, al son del tamboril, de la gritería y de los insultos de una salvaje muchedumbre que gozaba en el suplicio de aquellas infelices.[4]



Otro caso de las mismas características se vivió en Villafranca (Navarra), donde de nuevo un grupo de mujeres serán vejadas en nombre de Dios y del Rey allá por 1834.

En el número 26 de el Motín de 1834, Zumalacarregui, genio militar a quién se cita como general insigne y muy competente en la ciencia de la guerra, mandó apalear hasta ensangrentarlas a varias mujeres de familias liberales.

Las desgraciadas víctimas desnudas de medio cuerpo hacia arriba, fueron untadas con sustancias adherentes, emplumadas y cabalgando sobre asnos fueron paseadas por entre una turba que prorrumpía en vivas a la religión y al Rey.[5]

Esta realidad ha quedado marcada en la historia actual con frases como: “a este lo han emplumado o vaya pluma que lleva ese”, cuando se ve por la calle a un hombre varón con afeminación en sus ademanes. Esta verdad sirvió en siglos anteriores, para estigmatizar y descalificar a muchos españoles que se movían en este ámbito más propio de personas que formaban parten del lumpen social del momento.


[1] Archivo Histórico Nacional. Consejos, L. 1409, Exp.42

[2]Crónica Meridional: diario liberal independiente y de intereses generales: Año XXII Número 6400 - 1881 junio 22

[3] Crónica Meridional: diario liberal independiente y de intereses generales: Año XXX Número 8582 - 1888 diciembre 28

[4] El Cascabel: Época 2ª Año XI Número 922 - 1874 agosto 9 (09/08/1874)

[5] La Voz de Menorca: diario republicano: Año VII Número 2581 - 1912 octubre 2




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