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miércoles, 6 de diciembre de 2017

El Último Lobisome



En Aldea da Venda (Portugal, una pequeña aldea rayana muy cercana al pueblo de Cheles (España) en la provincia de Badajoz, sucedió a finales del siglo XX (1998-1999) un hecho aterrador y desconcertante. Tres jóvenes de la pequeña localidad portuguesa fueron a divertirse hasta Alandroal, población principal a la que pertenece esta Aldea un sábado por la noche. Al regresar de nuevo a sus casas, con unas copas de más y a altas horas de la noche, en la encrucijada de dos caminos pararon el vehículo en el que viajaba ante la presencia de algo extraño. Deciden bajarse y observan un saco puesto de pie lleno de algún material.



Uno de los jóvenes, ante la curiosidad de lo que veían, decide acercase hasta el talego y abrirlo, sacando del mismo diferentes ropas de mujer. Por hacer la gracia ante los dos amigos que le observaban, se puso un vestido con el que comenzó a bailar bajo la luz de la luna y tras las risas del momento, siguieron camino hacia sus casas.

En los días de luna llena, al joven que se puso el vestido de mujer le comenzó a cambiar su carácter: salía por las noches como perro rabioso a matar gallinas a las que le partía el cuello, corderos, palomas, y como si de un lobo se tratase, aullaba sin complejos. Robaba las ropas tendidas en los corrales de las casas y, según alguna vecina que se encontró con él comentó, que parecía un animal, ya que su cuerpo lo tenía como encorvado y con una respiración muy potente como la de una bestia nerviosa.



Los amigos que le acompañaron durante el viaje de regreso al pueblo, comentaron a su madre lo que había ocurrido, contando esta lo acontecido a una curandera quién le anunció: “que quemase el vestido de mujer que se puso y la ropa que llevaba esa noche, de lo contrario, el maleficio no desaparecería de su cuerpo.”

Destruidas las ropas indicadas, el joven lusitano siguió cometiendo los mismos actos en noches de luna llena, por lo que de nuevo la curandera indicaba a la madre, que siguiera quemando la ropa que tuviese y le comprara cosas nuevas. Cuando realmente quemó de verdad el traje que se puso la noche de lo acontecido, su vida cambió.

Los vecinos de Aldea da Venda en los días de luna llena, a media tarde, se recogían en sus casas por miedo al lobisome de la población, ya que ese fue el calificativo que todos los lugareños le pusieron al joven portugués; hasta que un buen día, varios vecinos le denunciaron por los atropellos cometidos.
Tuvo su juicio y sus paisanos fueron a declarar todo cuanto habían visto y oído en la población sobre el joven maldito, siendo condenado a 5 años de prisión.




Cuando salió de la cárcel, el joven reinició su vida en otro pueblo donde nadie le conocía. Fue tratado en la prisión y aparentemente curado, hoy está casado y con hijos, pero en Aldea da Venda, sus vecinos siguen contando su historia y nombrándole, como el último lobisome ibérico en tierras portuguesas.  

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